LA MANO QUE MUEVE LOS HILOS
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Se sitúa en un lenguaje expresivo sobre el poder del capital, como cima de las complejas estructuras de poder que manipulan finalmente al individuo como sucinto sujeto social en una sociedad de masas. La pintura como ideograma comunicativo reivindica la individualidad, el artista como lugarteniente del sujeto social en palabras de Adorno. La pintura como espejo de la distorsionada o criptográfica realidad.
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